Esperemos que no sea una pagina mas dedicada al PARKINSON.
Es nuestra pagina y en ella hablaremos y contaremos, como a pesar de él, se vive y se disfruta de la vida, pondremos fotos y videos, por cierto, nosotros tambien tenemos PARKINSON.
Si quieres participar con alguna anecdota o foto, enviala a nuestro correo
Comezaron o camiño en Ourense e
tras seis etapas de andaina e despois de percorreren 108 quilómetros,
trece peregrinos de diferentes puntos de España afectados pola
enfermidade de párkinson chegaron esta mañá á meta: a praza do
Obradoiro.
Para eles foi todo un reto chegar a Compostela, onde os estaban a esperar familiares e amigos...
Ambiente
Tamén foron recibidos polo alcalde de Santiago.
Ambiente
Esta experiencia forma parte do proxecto que ten por lema "Que trema o
Camiño!", co que queren dar a coñecer a súa doenza e sensibilizar a
sociedade.
Todos aseguran que foi unha experiencia dura pero inesquecible...
Máis de 150 mil persoas padecen párkinson en España, unhas 6 mil en Galicia.
Una mala comparacion, pero exacta: "Al perro flaco, no le faltan pulgas"
Durante los últimos días había intentado contactar con
él, pero no contestaba a ningún mensaje. Los había enviado por todos los medios
por los que habitualmente estamos en contacto.
Recuerdo un día de julio del año 2010, en la sala de recepción
de la Asociación Parkinson Valencia, estabamos sentados alrededor de una mesa,
convocados para formar un grupo de afectados jóvenes, menores de 55 años. El
programa se llama Apropa´t.
Se nos invita a presentarnos y contar nuestra
experiencia. Si no recuerdo mal, quien comenzó fue un hombre tembloroso, con
voz casi inaudible y un bastón. Cuenta
su encuentro con el Parkinson. Accidentado y por un tiempo con un diagnóstico
equivocado. Casi no le entiendo, la voz es cada vez más inaudible. En la Asociación
ya es conocido, asiste algunas terapias. Y recalca que desde que participa ha
mejorado mucho.
Mucho?. Como estaría?.
Tomas, Pepe, José Ramón, Víctor y yo somos los que, en
principio, formamos el grupo. Unos hemos salido del armario, otros no quieren
publicitar su enfermedad. Muy respetable.
Desde ese día, en que nos intercambiamos teléfonos y
direcciones de correo, Tomas y yo empezamos a mantener un contacto casi diario
por medio de la aplicación Skype. Las horas pasan y nos convertimos en unos noctámbulos
virtuales. Nuestras conversaciones e insomnios, preocupan y son motivo de
comentario en las terapias. En casa se nos hace saber que nuestro insomnio no
gusta.
Tomás y otros famosos
De estas conversaciones
sale la reunión, casi mensual, de amigos Apropa´t. Tomas es el alma y fomento
de la convocatoria.
Mi experiencia de grupo en la Asociación y fuera, en las
reuniones de amigos de Lliria, Xativa La Albufera, Segorbe, Xabia, Valencia …..
es altamente positiva. Todo ello gracias a Tomas.
El vital Tomas, el todo terreno tiene 56 años.Siempre con contestaciones ocurrentes. Polifacético
y sorprendente. Coleccionista de una infinidad y diversidad de artículos. Criador
de canarios y colombófilo. Modelo y xofer de limusinas de personajes famosos. Creador
de blogs y fotógrafo acertado. Y amigo de muchos amigos.
Y a pesar de su caminar parkinsoniano, difícil de
seguirle el paso.
Tomas, más intensamente, pero como los demás, vive intentando
apurar el tiempo. Un tiempo imposible de calcular. Apurar el tiempo antes que
pasemos a ser dependientes.
Una enfermedad, cuya cura, a pesar de periódicas noticias
esperanzadoras, le queda un largo camino para su tratamiento definitivo.Y que irremisiblemente nos llevara a depender
de la voluntad y paciencia de familiares o residencias especializadas.
De todo lo dicho, mi estado positivo actual, es fruto de
un fármaco de fabricación casera. El inventor y productor es Tomas. Y el fármaco
es un tratamiento de compañerismo, comprensión, complicidad, sencillez y visión
positiva.
Tomas lleva siempre una bota llena de esa esencia y que a
la vista está, nos sienta tan bien a:
Tomas, Pepe, Víctor, José Ramón, Eduardo, Jorge, Vicente,
Manolo, Juan y Vicent.
Te deseo, Nano, que te recuperes y que esa vitalidad siga
por mucho tiempo. Y estoy seguro que transmito el deseo de todos.
Nos ponemos en contacto con usted de nuevo en relación a la preocupación que ha suscitado para EPDA (Asociación Europea de Pacientes con Parkinson) y para lxs pacientes de Parkinson de toda España la reciente publicación del Real Decreto y de la Orden Ministerial de precios de referencia y que afectan a la situación de APO-go PEN 10mg/ml.
La
apomorfina es un componente clave de APO-go Pen 10mg/ml. Este
medicamento es actualmente uno de los dos tratamientos disponibles para
los pacientes con Parkinson, cuando sus síntomas no se pueden controlar a
través de medicamentos orales. Apo-go puede ayudar al control de los
síntomas sin la necesidad de incrementar el consumo de comprimidos para
controlar esta enfermedad progresiva, crónica y neurodegenerativa.
Como
imaginará, la compañía responsable de APO-go ha puesto de manifiesto
que esta decisión puede poner en peligro la producción de este
importante medicamento. De aprobarse este Real Decreto tal y como ha sido redactado, Apo-go será retirado del mercado español.
La
retirada de este medicamento podría tener graves consecuencias en la
calidad de vida de las personas con Parkinson y en el manejo de su
enfermedad. Apo-go Pen 10mg/ml reduce la gravedad de los
síntomas, incluyendo los movimientos incontrolados o la incapacidad
total para moverse durante periodos “off”, cuando la medicación deja de
hacer efecto, así como con la aparición de dolor severo, rigidez en las
extremidades y dificultad en el habla. El uso de este medicamento, por
tanto, ayuda a las personas con Parkinson a ser menos dependientes de
los miembros de su familia y también otorga la posibilidad de mantener
una vida laboral y continuar activo a largo plazo.
Por
todo ello, pedimos urgentemente que se reconsidere esta decisión con el
fin de que las personas con Parkinson en España (cerca de 150.000
pacientes) que pueden necesitar este medicamento tengan la oportunidad
de acceder a él. Además, esta decisión tendrá también un gran impacto en
el millón de personas que padecen la enfermedad en Europa.
Salvador Riera Solsona.
Secretari de l’Associació Parkinson Maresme
No és fàcil assumir el diagnòstic d’una malaltia incurable com és la
malaltia de Parkinson. I més quan t’ho diuen amb menys de quaranta-cinc
anys i encara et queda molta vida per davant. Tant se val que tinguis
feina o que estiguis a l’atur tractant de trobar-ne, el diagnòstic és
terrible i molt difícil d’assumir. Aquesta situació es dóna cada cop amb
més freqüència. Segons les estadístiques, més del 25 % dels nous casos
ja ho són a persones de menys de 50 anys, i aquest segment de població
afectada és el que més creix any rere any.
Es desmunta així un dels estigmes que arrossega el Parkinson de ser
“una malaltia de gent gran que tremola”, ja que cada cop es diagnostica a
més persones de mitjana edat. També molta gent encara creu que és una
malaltia contagiosa -no ho és en absolut-, o bé hereditària -menys del
15 % dels casos ho són-, o que el seu diagnòstic comporta associada una
sentència immediata de mort -l’esperança de vida no varia-. Massa
estigmes i massa poques certituds.
De certeses, però, sí que n’hi ha algunes: el Parkinson no té cura
avui en dia; és la 2a malaltia neurodegenerativa en importància; afecta
més a homes que a dones; no se’n coneixen les causes que el provoquen i
el tractament farmacològic és força efectiu en els primers anys amb un
diagnòstic precoç. En una fase inicial i en persones joves, la medicació
aconsegueix que els signes externs de la malaltia no s’evidenciïn i
això fa que se’n pugui “dissimular” la seva presència. L’afectat,
sobretot si és home, nega en públic la malaltia però aquesta avança tant
sí com no. Es crea així un cercle viciós amb el resultat inevitable de
la caiguda dels afectats en profundes depressions d’on difícilment se’n
surten tots sols.
Dos indicadors de l’extensió d’aquesta pràctica massiva d’amagament
els trobem en la baixa afiliació a les associacions d’afectats per la
malaltia de Parkinson i, als països del Sud d’Europa, en el poc nombre
de gent famosa que reconeix patir aquesta malaltia.
És evident que la tradició cultural hi compta -als països anglosaxons
s’assumeixen les malalties neurodegeneratives amb més facilitat-, i és
obvi que no és pot obligar a ningú a confessar el seu estat de salut
però no és menys cert que si molts afectats deixessin de “dissimular” la
seva malaltia de Parkinson, aquesta seria més compresa per part de la
societat i s’eliminarien molts dels estigmes que encara l’acompanyen.
PARKINSON, fa mesos que no parlem i avui, em sent amb ganes de fer-ho, si a tu tambe et ve de gust.
Que?,
doncs de nosaltres, de tu i del mi, de la meua vida amb tu o el canvi
de la meua vida per tu, de qualsevol dìa, de caps de setmana
amb amics o de les nostres vacances, d'acord?
Comence dient que ultimamente et comportes una mica millor, encara que aqueix millor, ho
canvies per mes agressiu, exemples?, molt facil, en els bous
de Sogorb, anarem al entablao a veure el bou embolat i em permets
caminar amb soltesa, sonrire i parlar amb tots els amics i coneguts,
ens asseiem i faig fotos del embolat i quan ens anem a casa, tu
et vols fer notar i entres en accio, jugant amb les meues cames i
amb prou faenes deixar-les moure's, encara sort que estaven Pilar i
Juan, que gràcies a ells arribe a casa (la de Vostè, en la qual em
quede), i a tu et vaig donar bona dosi de medicaments.
Recordes? eixa
és una per al record.
Entre caiguda i caiguda
anem
discutint, últimament et costa mes tirar-me, encara que ho aconsegueixes
encara i dec reconèixer que són mes dures però ni àdhuc aconsegueixes
retenir-me a casa, doncs m'agrada eixir i passejar per la
meua ciutat, encara que açò siga haver d'eixir amb tu, és com eixa
dita, masclista:
"Que un home anava a totes parts amb la
seua dona i parlant amb un amic, est li diu, que enamorat estas de
la teua dona no la deixes ni a sol ni a ombra, al que el marit li
contesta, enamorat!!! però tu l'has vist bé??? calla i torna a
mirar-la, no tinc mes remei, qui és el bonic que s'atreveix a fer-li una
besada de comiat, preferisc portar-la amb mi." mes o menys em passa amb
tu.
Saps és molt tart i el dia molt pesat, m'ha costat
molt aguantar-te, doncs avui has estat molt mogut, per avui m'agradaria
dir-te et deixe, però com es que és impossible, et dire, i si ens anem al llit.
Marina Lassen descubrió a los 35 años que tenía mal de Parkinson y su
vida cambió por completo. La historia de una arquitecta y madre que debe
sobrellevar a diario una enfermedad progresiva que no tiene cura. Cómo
enfrentar el día a día y poder mejorar la calidad de vida.
"Mi vida anterior era parecida a la de muchas mujeres; tenía hijos
chicos, un marido con el que me llevaba bien, un buen trabajo. En fin,
la vida de una familia tipo. Vivía en un mundo donde dos más dos era
igual a cuatro. Nada se corría demasiado de su lugar y su rutina.
Llevaba siete años casada con Santiago y teníamos un matrimonio normal,
que la peleaba, como todo el mundo, felices con nuestros dos hijos,
Pedro y Juan. Desde siempre me caractericé por la exigencia y el empuje,
en ocasiones a tal punto que me cansaba física y psíquicamente. Pero
cuando uno es exigente con uno mismo, a veces es muy difícil poner un
freno. Mi forma de ser era competitiva y trataba siempre de ser la
ganadora en todo. De profesión arquitecta, a mi trabajo le ponía mucho
empeño. Al igual que cuando estudiaba, siempre fui muy trabajadora y
media "obse", como dicen hoy en día. A todo proyecto le ponía el cuerpo,
toda mi energía. Llegaba al trabajo súper puntual, y si me tenía que
quedar mucho más tiempo del reglamentario, lo hacía.
Cuando estudiaba arquitectura, me pasaba noches y noches sin
dormir cada vez que tenía una entrega y así fue como me recibí en seis
años con excelentes calificaciones. En definitiva, era muy exigente
conmigo misma y siempre quería ser la mejor en todo; nada de mediocridad
ni de medias tintas. Además, era muy linda –podría haber sido modelo– y
eso me facilitaba mucho las cosas en este mundo que valora tanto la
belleza. Me apoyaba mucho en ese aspecto mío.
Viví así muchos años, conciliando la vida laboral y familiar,
padeciendo momentos de estrés por mi perfeccionismo, pero con una vida
medianamente feliz que poco a poco empezó a cambiar. Todo comenzó cuando nació mi segundo hijo, Juan. Con él llegó mi
registro de la enfermedad. Mientras le daba de mamar, sentía que mis
movimientos eran lentos y que me costaba mover el brazo izquierdo.
La segunda pista llegó cuando me mudé meses después a un departamento
que tenía piso de madera. Recuerdo que mientras ordenaba y limpiaba,
escuchaba mis pasos, algo que no me pasaba en el anterior porque tenía
alfombra. Notaba que arrastraba más un pie que el otro, que un paso era
más cortito. Mi marido me decía "punto y coma".
Esperé un tiempo a ver si mejoraba, pero no: fue peor. Poco a poco
empecé también a tener menos equilibrio y a renguear. Recuerdo que
pensaba: "No me duele nada, pero... ¿qué pasa que no puedo dar dos pasos
iguales?". En ese momento me di cuenta de que podía ser algo serio y
fui a consultar al médico.
Empezó una larga serie de estudios, que me provocaron mucha angustia.
Me imaginaba todas las enfermedades posibles: esclerosis múltiple,
cáncer. Me daba miedo morir y dejar a mis hijos sin mí. No podía dormir
de noche. Tenía mucha ansiedad. Un año y medio después de dar vueltas y
vueltas, en agosto de 2003, el neurólogo me dio el diagnóstico: mal de
Parkinson.
La sensación fue devastadora. En un instante, me sentí extranjera en
un mundo de sanos. El primer gran golpe fue saber que no iba a poder
tener más hijos. Toda la vida había soñado con una familia numerosa y
esto no iba a ser posible. El mal de Parkinson es la disminución de
dopamina en el cuerpo. La dopamina es una hormona que cumple la función
de neurotransmisora. Si en el sistema nervioso disminuyen los
neurotransmisores, se afectan los movimientos del cuerpo y se altera la
percepción. Es una enfermedad progresiva que no tiene cura.
En aquellos días, tenía la sensación de estar invadida, como si un
dictador se hubiera instalado en mí, decidiendo cambiar mi destino a su
antojo. Un despreciable tirano que osaba determinar mis límites, un
monstruo absolutamente real que estaba instalado para siempre dentro
mío.
Lo primero que hice al recibir el diagnóstico fue ponerme a luchar
contra el "enemigo". Empecé a tomar los remedios y a ir al kinesiólogo y
al gimnasio casi todos los días. Pensaba que si llevaba a cabo este
plan de lucha con mi natural empuje, en poco tiempo iba a ser casi la de
antes: pero empezaron los efectos colaterales, náuseas, dolores de
cabeza, mareos. Y me costaba, me costaba inmensamente aceptar la
debilidad. Durante toda mi vida –provengo de familia sajona– había
aprendido a no mostrar mis sentimientos, a ser fuerte. Esa primera
reacción de lucha me duró pocos meses porque estaba muy lejos de la
realidad. Yo me sentía una extranjera en mi cuerpo, que no era más el
que yo conocía; tenía que adaptarme a este cuerpo "ajeno". Es decir, no
me reconocía en mi imagen, ni sabía más quién era. Eso me generó tal
inseguridad que no quería ver a nadie. Todo el mundo iba a estar
mirándome a ver cuán mal me movía.
La herida narcisista fue fatal. A lo largo de mi vida me caractericé
por mi hermetismo y timidez, pero me apoyaba en mi aspecto y solía
agradar. Siempre había sido muy tímida. Si tenía que decirle algo
importante a alguien que quería, era más fácil escribirlo. Algo en mí
frenaba la exteriorización de las emociones. Estaba acostumbrada a
callar los sentimientos, a esconderlos. Mi obsesión era que no se notara
nada. Ni miedos ni dudas. Mucho menos, la tristeza y la debilidad.
Siempre fui de simular que estaba todo bien; había un perfeccionismo
latente y siempre quería hacer las cosas bien.
Sin embargo, el Parkinson estaba tratando de hacerme reaccionar,
hacerme humana. Enseñarme que podemos fallar. Las señales que me estaba
mandando el cuerpo terminaron, finalmente, por obligarme a escuchar lo
que me pasaba; que estaba muy tensa, dura por la autoexigencia conmigo
misma. Pero me costó mucho entenderlo y no controlar.
Tenía miedo de morir, algo que nunca me había pasado. Cuando empecé a
investigar, los informes de la enfermedad decían que la expectativa de
vida era de doce años. Y se supone que, al momento del diagnóstico, lo
normal es que el proceso haya empezado diez años antes. En mi caso, tal
vez más todavía. Uno de los síntomas es no balancear un brazo al
caminar, y eso a mí me lo vio un amigo cuando yo tenía 22 años.
"¿Entonces, cuánto se supone que me queda?", pensé.
Tenía que explicárselo a mis hijos, pero Juan era muy chiquito y,
además, primero tenía que entenderlo yo. A Pedro le fui diciendo que
tenía que tomar remedios y que con eso iba a estar bien. En ese tiempo
había entrado en un foro de Internet de enfermos de Parkinson en España.
Encontré gente en mi misma situación y eso fue un apoyo. Con mi marido
tuve momentos de crisis. A él también le costó un montón recibir la
noticia, y ahora pienso lo difícil que debe de ser estar al lado de
alguien y no poder hacer nada para cambiarle la situación. Pero siempre
fue de fierro. Poco a poco –supongo que como todo proceso de este tipo–, empecé a
bajar la guardia y dejé un poco atrás la lucha. Comencé a escuchar los
mensajes que me mandaba mi cuerpo; hacía lo posible para no llegar a
tener altos niveles de tensión y exigencia. Dejé de trabajar, empecé una
dieta, ejercicios de respiración, todo tipo de actividades tranquilas
y, sobre todo, un proceso mental de discernimiento de qué cosas eran las
importantes y qué cosas no. Traté de conectarme mucho conmigo misma y fui aprendiendo que la
perfección no me llevaba a ningún lado, que no era importante. Tenía que
dejar de controlar todo y aceptar, dejar fluir. Esto, sin duda, no era
fácil, pero intentaba cambiar. Poco a poco, fui haciendo una especie de
duelo, tratando de olvidarme de las ilusiones y los proyectos que
tenía. Empecé a construir lo que se podía y como se podía. No fue
mágico; psicólogos, cursos de respiración y de conexión con mi cuerpo
fueron mis aliados para escuchar lo que mi cuerpo me decía y para
conectarme con mi alma. Así, me volví a acercar a Dios. Gracias a esa
fe, le perdí el miedo a la muerte. Me di cuenta de que todos vamos a
morir y de que uno es un espíritu dentro de un cuerpo. Ahí me empecé a
curar. Me di cuenta de que para sentirme viva, había que fluir con la vida,
con la naturaleza, y que eso no se logra controlando todo, sino
aceptando y yendo con lo que nos toca. Para mí aceptar no fue bajar los
brazos y decir "listo, me rindo". Para mí aceptar fue dejar de pelear
conmigo misma día a día. Todavía tengo que aprender un montón. Todos
tenemos un potencial dentro de nosotros que no vemos. Cuando logré
conectarme con el amor, empecé a relacionarme más con los demás, a decir
las cosas. Pensaba en las actitudes que tienen las personas extranjeras
cuando llegan a un país ajeno: los que se adaptan son los que se
comunican, los que están con la gente del lugar.
Ya pasaron seis años y pico del diagnóstico. Escribir "El cuerpo no
calla", en el que cuento mi historia, me ayudó. Tengo 41 años y mi
relación con "el país del Parkinson" es mejor. En el mundo de los sanos,
a todos los sanos también algo les pasa. Hoy disfruto del contacto con
la familia y con los amigos, a quienes había dejado de lado. Mis
relaciones en general se han tornado más profundas. El Parkinson, en mi caso, avanza despacio, y los síntomas son la
lentitud al moverme, la pérdida del olfato, los calambres y la tensión
de los músculos. Con los remedios y la suma de varias cosas (tomo un té
antes de dormir, me alimento bien y trato de descansar), hago una vida
relativamente normal. Todas las mañanas me levanto primera y despierto a
mi marido y a los chicos para desayunar y que se vayan al colegio. A la
mañana hago cosas, trato de encontrar recovecos para escribir. Si tengo
que salir, antes me preparo y me organizo, porque ahora necesito más
tiempo para todo.
Respecto del futuro de la enfermedad, sé que a cada uno le toca
distinto, y ya veré cómo será en mi caso. Será lo que tenga que ser. Hoy
dejo que me vean como soy. "
Creo que fue el conceller Ciscar, quien en voz muy baja
dijo que, posiblemente se habían hecho cosas mal y que había que solucionarlas,
o algo así.
Seria de agradecer que se enumeraran, o en todo caso
reconocieran cuando sea el caso, en que cosas no se gestionó o se sobrepasó.
Pero dicho esto, siempre se echan balones fuera y la
culpa, siempre fue del “cha-cha-cha”.
No hay responsabilidades de la gestión política o pública
en la Comunitat Valenciana.Por unos
trajes, eso fue a lo máximo que se llegó, y después del paripé, se decidió que
los trajeados no eran culpables de
aceptar ir vestidos con una tela pagada con dinero procedente de la rapiña.
Siempre que se habla de los grandes eventos y obras
faraónicas (“emblemáticas” era la palabra en tiempos de Paco), nos referimos a
las que por suvisibilidad e interés
mediático más nos suenan. Se olvidan aquellas, que por su escaso valor “noticia”
se publicitaron y que quedaron en una primera piedra, con sus consabidos
gastos. O aquellas que se han conocido como “noticia”, pero que no se les dá el
valor suficiente, no están en nuestro interés actual, son noticias de segunda
que afectan a unos pocos.
El título de esta entrada se refiere a la deuda
científica, porque de la farmacéutica, de esa ya escribí en si día.
Centro de Investigación Principe Felipe
Hoy escribo sobre el “emblemático” Centro de
Investigación Príncipe Felipe (CIPF) dedicado a estudios biomédicos. Primero fue el edificio y sus instalaciones,
inaugurado en 2004 y abierto en 2005, con el objetivo de abordar nuevos avances
en la investigación biomédica y promover un trabajo científico de excelencia.Costó 60 millones de euros y se sufragó en un
70% con fondos europeos. El entonces presidente de la Generalitat, Francisco
Camps, proclamó, con su discurso. del repetido “per a ofrenar noves glories a
Espanya ….”: "Hoy
es un gran día para la ciencia, para la Comunidad Valenciana, para España
y para los que dedican su esfuerzo y su vida a la investigación".
Al principio, con una dotación de 9 millones de
eurosy con un plantel de investigadores
importante, elCIPF produjo titulares y éxitos a
mansalva: aislamiento y cultivo de células madre para tratar
enfermedades incurables como Parkinson o Alzheimer, líneas de
investigación sobre el Cáncer, avances en los tratamientos
de reparación medular.
Pero ahora el retrato es el siguiente:
El Centro de Investigación Príncipe Felipe ha despedido a 108 trabajadores de los 258
empleados con los que contaba, 79 son científicos, los que se quedan tienen una
reducción de salario. Se han cerrado 14 líneas de investigación, algunas eran
sobre el Cáncer, Parkinson o Alzheimer.
America´s Cup - Veles i Vents - Port de Valencia
Bancaja como la CAM, siempre
dispuestos a financiar gilipolleces, tampoco lo puso fácil, negó el mismo
acuerdo que permitió al Valencia CF poder presentar nuevos presupuestos:
adelantar dinero mientras las transferencias de la Administración autonómica
llegaban y así poder afrontar compromisos.
No había para mantener este
importante servicio público, pero han gastado 3 millones de euros organizando
un campeonato de golf de un fin de semana en Castellón. 15 millones deeuros en unas torres de Calatrava que al
final no se van a construir. Han comprado "por un precio simbólico"
la empresa Valmor Sports, encargada de la organización de la fórmula 1, pero se
hace cargo de 30 millones de euros de deuda.
Y por ejemplo, se produce entre
otros, algo tan vergonzante como perder:
Nuria Martí
A Nuria Martí, víctima de un
ERE en el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia en 2011, que ha
conseguido continuar su trabajo en la Oregon Health & Science University.
Desde allí, ha sido coautora de un artículo publicado en la revista Cell que describe la
obtención de células madre embrionarias clonadas de un adulto, posiblemente el
artículo del año en investigación biomédica.
Esa es la deuda científica de
Camps y de toda su “clac”. Esa es la deuda del President Fabra y su “clac”.
A todos los afectados de Cancer,
Parkinson yAlzheimer y sus familiares de la ComunitatValenciana, se les ha burlado la esperanza, gestionando
losrecursos en provecho de amigos y
corruptores, o en eventos y obras, para mayor gloria de una visión mesiánica, de
la que los herederos no reniegan.
Demasiados años en el poder y
culto a la personalidad. Demasiado Rigodón autosatisfecho de su gestión.
Demasiado tiempo apoltronados con la creencia que los votos lo hacen el “más”
todo de todos los mortales.
Es hora de que estas grandes
personalidades, descansen.